El cansancio fue prematuro, casi como si me hubiese llamado.
Vi algo que no puedo explicar. Creo que entendí una gran verdad y en realidad no entendí nada.
Fue tan rápido y tan ajeno que sigo cansado y me cuesta acostumbrarme a las sensaciones, miedos, deseos, cosas a las que definitivamente no había pensado dejar de lado.
No puedo narrar, tengo sueño y me asusta irme a dormir.
Si fuese del interés de algún sujeto aburrido y claramente con tiempo de sobra en sus manos me resultaría muy fácil el enumerar (sin temor a equivocarme) cada actividad y cada evento con el que me encuentro en mi camino cada semana como si se tratase de un proceso matemático con un resultado invariable.
No es que no haga cosas, no es que no me divierta, que no tenga cantidad de amigos o que no la pase bien, pero yo también soy un usuario tenáz de las antiparras de la subjetividad y puedo ver lo que yo quiera ante la situación que se me cante.
Tampoco quiero mentir.
No me conformo con esto.
Para citar a una futura leyenda del rock: "Hay que prender fuego todo."